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January 22, 2009
Ángel Gil-Ordóñez estudió con Celibidache (1985-91) hasta ser nombrado director asistente de la Orquesta Nacional de España. En 1993 se marchó a EE.UU. Allí dirige la Orquesta Post-Classical Ensemble en Washington, aclamada por la crítica y el público estadounidenses
-Un director de orquesta metido a Indiana Jones. ¿Qué ha encontrado en América?
-¿Y la utopía?
-¿Y abrazaron los falansterios? -Se crea el documental «The city», y se presenta en la Feria de Nueva York, en 1939. Lo vieron millones y millones de personas. Nosotros, gracias a Joseph Horowitz, hemos descubierto la primera grabación mundial, restaurado la banda sonora, que estaba echa una pena -¡es de hace setenta años!-, y añadido una narración nueva.
-¿Qué se escucha allí de España? -Me da la sensación de que aquí estamos viviendo un momento dorado para la música (ópera, auditorios, orquestas...), lo cual es extraordinario. Hay que tener cuidado en mantenerlo bien.
-Esperemos que no se pisotee la rosa. -Se está haciendo un buen trabajo de difusión, de acercamiento, y la gente está yendo a los sitios. En Estados Unidos se vive un momento difícil para la música clásica porque el público está envejeciendo. No se está produciendo la renovación que debería darse.
-¿Por qué se marchita el público USA? -Porque ese formato del concierto clásico que se llevaba hace doscientos años, es decir pasar el día allí, no funciona hoy. Tu llegas a la sala, obertura de Mozart, concierto de piano, intermedio, y se muere. Un concierto de jazz supone un esfuerzo intelectual mucho mayor que escuchar una sinfonía de Mozart.
-¿La música no es una experiencia única? -Para eso hay que contextualizarla. Por ejemplo, nosotros, con una obra maravillosa de Gustav Mahler, «La canción de la tierra», inspirada en poemas chinos de la Dinastía Tang (en torno al 600 a. C.) creamos el clima oriental que Mahler buscaba, y arrancamos el concierto con música tradicional china, leímos los poemas en chino para escuchar la fonética del verso, y encargamos una obra a un compositor contemporáneo chino-americano como respuesta a Mahler, con la misma instrumentación. Y al final escuchamos la obra de Mahler. La gente quedó fascinada. Hay que educar en la música sin paternalismos.
-Como la labor impagable de José Antonio Abreu y su Sistema de Orquestas de Venezuela, premio Príncipe de Asturias. -El maestro Abreu me contó que cuando era muy joven, y compositor, se llevó una orquesta de chicos que tenía en Venezuela a México, invitado por Carlos Chávez, quien le dijo una cosa en la que yo creo profundamente, y que enlaza mucho con nuestra Ensemble: «Una orquesta es el reflejo de una sociedad y de una comunidad».
-¿Cómo se puede cambiar la sociedad desde una orquesta? -Como lo ha hecho maravillosamente Abreu. Si a los niños, en vez de estar muertos de hambre en la calle, robando, asaltando... les damos instrumentos, les ponemos a ensayar, se enaltece la personalidad, y cambias la sociedad.
http://www.abc.es/20090116/cultura-cultura/nino-instrumentos-musicales-cambias-200901160511.html
Antonio Muñoz Molina, Arturo Reverter, Magín Revillo y Fernando Méndez Leite acudieron la noche del miércoles a la emisión del documental, efectuado en la Residencia de Estudiantes de Madrid, para ahondar sobre el contenido y banda sonora de una obra que en febrero verá la luz en Nueva York y cuya estructura recuerda la película Berlín, sinfonía de una gran ciudad, de Walter Ruttmann, estrenada en 1927. La reaparición del documental The City, visto por millones durante su exhibición en los duros años treinta, en los que la administración de Roosevelt trataba de levantar el ánimo nacional, está despertando un nuevo interés en Estados Unidos por sus conexiones con el new deal de Barack Obama que afronta, como entonces, una crisis económica sin apenas precedentes.
"No fue fácil recuperar la banda sonora porque el material estaba muy deteriorado. Las cosas no coincidían. Había que sincronizar la música y las imágenes, pero creo que hemos conseguido una partitura muy rica en armonías", indicó Ángel Gil-Ordóñez. El sello de clásica Naxos publica el resultado en un DVD.
Debido a las limitadas herramientas técnicas de la época en que fue estrenada, la partitura de Copland había quedado "apolillada", según resumió el crítico musical Reverter, quien presentó a Gil-Ordóñez como "un madrileño que descubrió las Américas y allí se quedó". El director español sudó, y se entusiasmó, durante el arduo proceso hacia la moderna resurrección de un filme que, a su manera, apostó por la necesidad de ampliar el espacio físico de las ciudades. Antonio Muñoz Molina observó en el tema una estrecha relación con la tradición vernácula norteamericana: "La ciudad como laberinto, como lugar de perdición, y a la vez de modernidad".
Bajo el prisma del crítico, Fernando Méndez Leite, director de la Escuela de Cinematografía y Audiovisual de la Comunidad de Madrid, destacó la vigencia de la música como elemento cinematográfico narrativo. "En The City, la música narra igual que las imágenes. Es una película elaborada, que en algunas secuencias callejeras evoca el cine negro, las películas de gánsteres". Para el periodista Magín Revillo, la filmación fue algo así "como la propaganda de nuestro Nodo" en tiempos de Francisco Franco, pero a diferencia del dictador, Roosevelt "metió la nariz donde a los norteamericanos no les gusta que la metan".
http://www.elpais.com/articulo/cultura/compleja/vuelta/ciudad/elpepucul/20090116elpepicul_5/Tes |
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