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Performing Arts
Washington's own Harolyn Blackwell, a soprano of sensitive expression and great vocal beauty, was equally at home in the impressionism of Manuel de Falla's "Psyché" and in Joaquín Turina's "Poema en Forma de Canciones," which displayed her considerable range -- from coloratura to something approaching nightclub singing.
Blackwell's ability to emote with her voice came through especially clearly in the two bright, slightly sarcastic songs within Joaquín Rodrigo's "Cuatro Madrigales Amatorios," the last of which features accompaniment reminiscent of Respighi's "Ancient Airs and Dances." And in Roberto Gerhard's 1941 "Cancionero de Pedrell," whose strong rhythms resemble those of Orff's 1936 "Carmina Burana," Blackwell and the Post-Classical players swirled effortlessly from wistful emotion to an insistent, percussion-dominated sound.
The all-instrumental "Sinfonietta 'Folia Daliniana' " by Xavier Montsalvatge, in its U.S. premiere, was revelatory in its own way, with the flute producing sounds as well as notes and a stirring exploration of the matching timbres of cello and clarinet and the contrasting ones of cello and bassoon. And Heitor Villa-Lobos's Choro No. 7, lyrical and jazzy by turns, distinctively blended Brazilian rhythms with classical form -- a musical treat, albeit a distraction from what was otherwise a focus on Spain.
-- Mark J. Estren
Montsalvatge seduce en el Kennedy Center Eusebio Val |
03/03/2009 - 17.40 horas
El concierto estuvo a cargo de Post-Classical Ensemble, el grupo del director español Ángel Gil-Ordóñez, que desde hace unos años ha conquistado un espacio en la competitiva escena artística washingtoniana con el imaginativo formato de sus producciones. Post-Classical Ensemble presenta la música clásica como experiencia cultural integral, a menudo pluridisciplinaria, para atraer a nuevos públicos.
Gil-Ordóñez, de origen madrileño y profesor en la Wesleyan University (Connecticut), explicó a los asistentes que su deseo era huir del estereotipo y mostrar, a través de la música y las canciones, la variedad cultural y lingüística peninsular. "El tópico es que todos los españoles sabemos bailar flamenco", bromeó el director. De Montsalvatge dijo que es uno de sus compositores españoles preferidos, y lo calificó de "catalán con extraordinario sentido del humor".
Folia Daliniana, que introduce sucesivamente como solistas a cuatro instrumentos de viento y en la que brilla la percusión, tuvo una excelente acogida. El concierto concluyó con un bis de lujo, El Cant dels Ocells, en versión arreglada por el propio Montsalvatge con motivo de los Juegos Olímpicos de Barcelona. Blackwell bordó su interpretación. Y Gil-Ordóñez, atento a los detalles, no se olvidó de aclarar que se trata del "himno nacional oficioso de Catalunya".
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